Una adicción, farmacodependencia o drogadicción es un estado psicofísico causado por la interacción de un organismo vivo con un fármaco, caracterizado por la modificación del comportamiento y otras reacciones, generalmente a causa de un impulso irreprimible por consumir una droga en forma continua o periódica, a fin de experimentar sus efectos psíquicos y, en ocasiones, para aliviar el malestar producido por la privación de éste, es decir, el llamado síndrome de abstinencia.
La sensación de bienestar o placer que produce el consumo de algunas sustancias es provocada por transformaciones bioquímicas en el cerebro, de tal manera que la ausencia de consumo provoca el efecto contrario: malestar generado por la carencia de químicos que alivien la tensión.
El placer que provoca la sustancia al adicto es poco duradero y según transcurre el tiempo, el placer es menor. Esta insensibilización progresiva se denomina tolerancia. Si las drogas se usan como un escape de problemas que no se saben resolver, la probabilidad de adicción es mucho más alta que si es por motivos lúdicos. Aunque siempre hay, en mayor o menor medida, algún tipo de riesgo.
Indicios
Dentro de la dependencia física al alcohol se distinguen dos formas distintas de beber, una continua, en la que el enfermo necesita consumir a menudo o diariamente bebidas embriagantes, y otra episódica, llamada dipsomanía, en la que se alternan etapas de abstinencia relativamente prolongadas (el enfermo pueden durar una semana o más sin beber) con severas recaídas.
La dipsomanía difiere de una borrachera ocasional (intoxicación aguda) y del consumo perjudicial de alcohol (cuando hay consumo continuo de bebidas pero éste puede abandonarse) debido a que se presentan tres o más de los siguientes aspectos en un lapso de 12 meses:
- Deseo intenso o compulsión por consumir alcohol.
- Disminución de la capacidad para controlar o interrumpir el consumo de bebidas embriagantes.
- Presencia de síndrome de abstinencia durante los períodos en que se abandona la sustancia estimulante, mismo que genera nuevas recaídas.
- Aumento progresivo en la cantidad o concentración de las bebidas para conseguir los mismos efectos que originalmente se producían con dosis más bajas (resistencia al alcohol).
- Abandono progresivo de otras fuentes de placer o diversiones, a causa del consumo de la sustancia.
- Persistencia en el consumo de alcohol a pesar de las consecuencias perjudiciales que ocasiona física y mentalmente.
Los tratamientos contra el alcoholismo incluyen programas de desintoxicación realizados por instituciones médicas. Esto puede suponer la estancia del paciente durante un periodo indeterminado, (quizás varias semanas), bajo tutela en hospitales especializados donde puede que se utilicen determinados medicamentos para evitar el síndrome de abstinencia. Después del período de desintoxicación, puede someterse al paciente a diversos métodos de Terapia de grupo o psicoterapia para tratar problemas psicológicos de fondo que hayan podido llevar al paciente a la dependencia. Además, se puede apoyar el programa con terapias que inciten al paciente a repugnar el alcohol mediante fármacos como el Disulfiram, que provoca fuertes y repentinas resacas siempre que se consuma alcohol. La terapia nutricional es otro tratamiento. Muchos alcohólicos tienen síndrome de resistencia a la insulina, un desorden metabólico debido al cual el cuerpo no regula correctamente el azúcar causando un suministro inestable a la circulación sanguínea. Aunque este desorden se puede tratar con una dieta hipoglucémica, esto puede afectar a su comportamiento y su estado anímico. Estos síntomas son efectos secundarios que se observan a menudo en alcohólicos sometidos bajo tratamiento de desintoxicación.
Consecuencias del alcoholismo en la familia
Es muy habitual que ante la frustración, impotencia e indefensión que genera el fenómeno del alcoholismo en el seno de la familia, se produzca una pseudoadaptación que puede mantenerse durante años, amparada en un mecanismo de negación.
Se debe tener en cuenta que el alcohol anida en la familia de forma progresiva.
En un primer momento el alcohólico es capaz de justificarse y convencer a sus familiares de que su consumo es algo circunstancial y prescindible, sin embargo pronto las tensiones se multiplicarán hasta que finalmente se consolida la desorganización y la carga emocional negativa arrastra a toda la familia.
Tal situación genera conflictos muy significativos. En el caso de menores con padres dependientes se observan desviaciones en el desarrollo de la personalidad tales como inseguridad, agresividad, ansiedad, miedo o baja autoestima. Otro hecho muy frecuente es la 'dependencia emocional' entre familiares lo que da lugar a una co-adicción, muy común en la pareja o entre padres e hijos.
Alcohol y jóvenes
Un 75% de los jóvenes son consumidores de alcohol, y un 40% lo hace de forma habitual los fines de semana. Además de existir un marco cultural propicio que refuerza el consumo, existen otros factores que favorecen el abuso de alcohol en los jóvenes y un inicio temprano, como son la permisividad creciente en las familias, circunstancias personales que puedan inducir al consumo y la necesidad de identificarse con un grupo de iguales e integrarse en él (en busca de novedades, diversión, acercamiento al otro sexo, etc.)
Fumar no sólo es "un hábito", también es una drogadicción, ya que cumple con todos los criterios que definen al consumo de una sustancia como tal:
Tratamiento del tabaquismo
Adicciones relacionadas con actividades
Ludopatía (adicción a jugar)
La ludopatía se retroalimenta siguiendo un mecanismo específico y característico: el autoengaño. Un ludópata juega convencido de que hace lo correcto, que al final él podrá resolver los problemas (principalmente económicos) en los que se encuentra. Para el ludópata no es posible dar "marcha atrás", la única alternativa es seguir jugando, y buscará dinero desesperadamente. Así asiste, aparentemente impertérrito, a su más profundo declive.
se caracteriza por no reconocer su adicción; la ilusión por poder controlar el azar, enteramente improbable, le incita a seguir jugando. Así mismo dejar de jugar, al igual que con otras drogas, implica un síndrome de abstinencia, caracterizado por cefaleas, trastornos digestivos, alteración del sueño, debilidad, sudoración, palpitaciones y temblores.
Comportamiento del ludópata
La mayoría de los jugadores se enganchan en la fase de ganancia. Seguirán jugando, apostando cada vez más dinero, hasta perderlo todo. En ese momento se produce la necesidad inminente y subjetiva de recuperar el dinero perdido, para ello buscarán más dinero, invertirán todo su tiempo y arriesgarán todo lo que tienen, incluso pueden recurrir a la estafa o al delito.
Para recibir el diagnóstico, el individuo debe cumplir al menos tres de los siguientes síntomas:
- Preocupación. El sujeto tiene pensamientos frecuentes sobre experiencias relacionadas con el juego, ya sean presentes, pasadas o producto de la fantasía.
- Tolerancia. Como en el caso de la tolerancia a las drogas, el sujeto requiere apuestas mayores o más frecuentes para experimentar la misma emoción.
- Abstinencia. Inquietud o irritabilidad asociada con los intentos de dejar o reducir el juego.
- Evasión. El sujeto juega para mejorar de su estado de ánimo o evadirse de los problemas.
- Revancha. El sujeto intenta recuperar las pérdidas del juego con más juego.
- Mentiras. El sujeto intenta ocultar las cantidades destinadas al juego mintiendo a su familia, amigos o terapeutas.
- Pérdida del control. La persona ha intentado sin éxito reducir el juego.
- Actos ilegales. La persona ha violado la ley para obtener dinero para el juego o recuperar las pérdidas.
- Arriesgar relaciones significativas. La persona continúa jugando a pesar de que ello suponga arriesgar o perder una relación, empleo u otra oportunidad significativa.
- Recurso a ajenos. La persona recurre a la familia, amigos o a terceros para obtener asistencia financiera como consecuencia del juego.
Ejercitar el estado de 'alerta' y practicar la auto-observación son condiciones necesarias. Se deben evitar situaciones de alto riesgo y planificar qué hacer ante una crisis. Con ello poco a poco se irá cambiando el estilo de vida, se prestará más atención a la familia y se adquirirán nuevos valores más saludables.
Se tiene una necesidad incontrolable por sexo de todo tipo, desde relaciones sexuales con otras personas hasta masturbación o consumo de pornografía. Las formas de adicción más extendidas son la práctica abusiva de la masturbación, la promiscuidad obsesiva y, de más relieve, el acoso sexual.
La hipersexualidad se caracteriza por una frecuente estimulación genital que, una vez alcanzada, puede no resultar en la satisfacción emocional (o sexual) a largo plazo del individuo. En cambio, va acompañada en ocasiones de sentimientos de malestar y culpa. Se piensa que esta insatisfacción es la que alienta la elevada frecuencia de estimulación sexual, así como síntomas psicológicos y neurológicos adicionales.
Rasgos del adicto a Internet
Algunos déficits que caracterizan al adicto a Internet son la baja autoestima, la introversión, alto nivel en la búsqueda de sensaciones y tendencia a la fantasía descontrolada. Su perfil a menudo corresponde al de una persona joven, generalmente varón, con buen nivel cultural, conocimientos de tecnología e inglés, de profesión liberal y buen nivel social. Como factores de riesgo cabe citar la carencia de objetivos personales, la baja tolerancia al aburrimiento, dificultad para las relaciones interpersonales y la falta de habilidades para desenvolverse en el mundo real.
Cuando esta obsesión provoca excitación sexual, se utiliza el término sexópata con necesidad de robar cleptofilia. El cleptómano, a diferencia del ladrón, roba por necesidad de satisfacer un desorden mental, mientras que el último roba, por diversión, o necesidad de satisfacer un bienestar material, económico o social llegando incluso al profesionalismo. Un ladrón puede pasar horas, días e incluso años planeando un gran golpe, mientras el cleptómano obedece generalmente a un impulso relativo dependiendo del lugar y tiempo en que se encuentre.
