“Padre e hijo, de 70 y 42 años respectivamente, están sentados en un banco de su jardín tomando el aire fresco de otoño. De repente el padre ve un pájaro y le pregunta al hijo “¿Qué es esto?” y el hijo le responde “Una golondrina, padre”. Se quedan en silencio y poco después el padre vuelve a señalar el pájaro y le pregunta de nuevo a su hijo “¿Qué es esto?” y el hijo le responde “Una golondrina, padre”. Se vuelve a hacer un silencio y la situación se repite: “¿Qué es esto?” le pregunta el padre al hijo y este responde con un tono de voz menos alegre “Una golondrina”. No pasa ni un minuto que el padre vuelve a señalar el pájaro y le pregunta “¿Qué es esto?” y el hijo con mucho malhumor le responde a su padre “Padre, ¡una golondrina! ¿Cuántas veces te lo debo repetir?” Y el padre le responde con una voz baja y sutil “Cuando tú eras pequeño, me preguntabas cada dos por tres lo mismo y nunca te he respondido de esta manera”.


