Toda palabra intenta influir en los demás. Esta es la tesis del profesor de sociología de la Universidad de Montpelier, Alex Mucchielli. En su libro, “El arte de influir”, el autor nos desvela innumerables mensajes de manipulación a los que estamos sometidos en nuestro día a día. Desde la propaganda, la publicidad o la política a nuestras relaciones personales.
Para que la influencia sea eficaz, los factores principales de la misma deben ser invisibles a los ojos del manipulado. Éste no debe enterarse de que lo es, pues la revelación de los procedimientos de la influencia la neutraliza. La publicidad no dice en letras grandes de neón: “seréis el centro de admiración de todos”, sino que lo dice de manera implícita.


Es hoy en día incuestionable que el hombre se esfuerza en sus relaciones para que su compañera quede satisfecha. Sin embargo, no siempre es suficiente poner empeño para que la mujer alcance el clímax y concluya el coito con un sonoro orgasmo. Es en esta situación cuando la chica, consciente del delicado ego de su pareja, decide fingir un orgasmo. ¿Pero mienten sólo para preservar el honor de su marido? Publicaciones recientes mantienen que hay una fundamentación mucho más profunda detrás de estas mentiras piadosas.
No es un caso aislado aquél de una persona que por el motivo que sea, ha dejado de poder hacer frente al pago de las cuotas mensuales de su préstamo hipotecario.