Sí, hay un hijo favorito

No importa lo mucho que tus padres lo nieguen: cada uno de ellos tiene un hijo preferido, y en el caso de que seas padre, tú también lo tienes. Esta es la tesis que defiende el articulista de la revista Time, Jeffrey Kluger, y que acaba de publicar en su libro titulado “El efecto de los hermanos”.

Catherine Conger, de la Universidad de California, EE.UU, publica un estudio en la obra de Kluger en la que precisa que un 70 por ciento de los padres y un 65 por ciento de las madres muestran alguna preferencia por alguno de sus hijos. En el caso de los padres será la hija menor, mientras que las madres se inclinan por el niño mayor.

Uno de los objetivos de la familia, como base de su esencia evolutiva, es conseguir trasladar sus genes a la siguiente generación, por eso, lo padres se esforzarán más en aquel niño que pueda tener más éxito en esta tarea. Cuando el segundo niño nace, los padres llevan uno, dos o más años invirtiendo todo su tiempo, toda su energía y todo su dinero para cuidar de su primogénito. Este hijo - el mayor – se postula así como el más proclive a perpetuar los genes familiares, y por tanto su preferido.

El benjamín, inconsciente sabedor de esta realidad, desarrolla aptitudes diferentes que las de su hermano mayor para hacer de contrapeso y no perder presencia en el núcleo familiar. Al tener un físico más débil y no poder protegerse a sí mismos, los pequeños despliegan cualidades como el humor, el afecto o la seducción.

Sin embargo, la psicóloga Ellen Weber, apunta que ser el hijo preferido no es sinónimo de éxito o felicidad. En una entrevista con la revista “La tercera”, apuntó que el paraguas emocional y material que los padres proporcionan al niño favorito le dejan indefenso ante los fracasos y frustraciones que sufrirá en sus relaciones con el exterior: "No entienden que no siempre van a dominar la situación y que en algún momento deberán someterse al semejante", indica.

Por otra parte, la psicóloga chilena María Elena Montt introduce una matización. Aquellos niños “favoritos” que sean investidos, no sólo de privilegios, sino también de responsabilidades, como cuidar de sus hermanos o realizar tareas de la casa, se convertirán en su madurez en personas preocupadas y consideradas con sus semejantes, algo que no ocurre, apunta la psicóloga, en aquellos supuestos en que la preferencia paternal se sume a la carencia de responsabilidades.

Jeffrey Kluger señala por último, que hacer el esfuerzo por mantener oculto el favoritismo tiene ventajas y es que aunque tu sepas que tu hermano mayor es el hijo favorito, si tus padres nunca lo reconocen, cuando te sientas inseguro podrás seguir pensando, “bueno, ellos dicen que no hay preferido, así que voy a seguir creyendo en ellos”. El simple acto de mantener en secreto la verdad es en sí mismo un acto de amor, y los hijos lo sienten como tal, apunta Kluger.

Escrito el 15 de noviembre de 2011 por Miguel Sarabia, e-mail: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 
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