Es hoy en día incuestionable que el hombre se esfuerza en sus relaciones para que su compañera quede satisfecha. Sin embargo, no siempre es suficiente poner empeño para que la mujer alcance el clímax y concluya el coito con un sonoro orgasmo. Es en esta situación cuando la chica, consciente del delicado ego de su pareja, decide fingir un orgasmo. ¿Pero mienten sólo para preservar el honor de su marido? Publicaciones recientes mantienen que hay una fundamentación mucho más profunda detrás de estas mentiras piadosas.
Aunque los hombres también fingen sus orgasmos, un 18% admitió haberlo hecho según los estudios enunciados, las mujeres son aquellas que más lo hacen: un 60% reconoce haber actuado frente a sus parejas en alguna ocasión. En otro estudio realizado en 2009 por la Universidad de Kansas, se desveló otro dato curioso: después de haber fingido el orgasmo es cuando las mujeres más alaban las artes amatorias de sus maridos, elemento que según los investigadores denota sentimiento de culpabilidad.
Además de las causas, es interesante estudiar cómo se produce la mentira. El psicólogo estadounidense, Noam Shpancer, mantiene que hay muchos elementos de la vida cotidiana que están sometidos a un guión invisible. Imaginemos que vamos a un restaurante: entramos, esperamos, nos sentamos, comemos y pagamos. Estas acciones se pueden considerar como universales de todos los restaurantes del mundo, y seguimos estos pasos porque son aquellos establecidos por la sociedad para que todo funcione correctamente. Hay además pequeños elementos que nos permiten conservar la individualidad y la originalidad tales como, no pedir nunca postre, o beber siempre agua del grifo en lugar de mineral: el mundo funciona, y nos sentimos únicos especiales.
Algo parecido ocurre con el sexo. Se inicia el coito, la mujer tiene un orgasmo, y después, una vez satisfecha, es cuando el hombre se siente cómodo para eyacular. El guión establecido en este caso es por una parte, que la mujer tiene que tener un orgasmo antes que el hombre, y por otra, que durante el coito, ambos deben tener orgasmos. Es por ello que los fingimientos nunca se producen durante la fase preliminar de sexo oral, porque no está en el guión que deban tener un orgasmo.
Muchas mujeres encuentran doloroso decirle al hombre que no han cumplido con el guión preestablecido, y por ello fingen haber tenido un orgasmo. Prefieren decir una mentira piadosa antes que explicar la situación. Lo mismo pasa en otras situaciones de la vida; como cuando le decimos a nuestra suegra que nos ha encantado la comida que ha preparado, y en realidad te ha producido diarrea, o cuando vemos a alguien que no nos gusta y le sonreímos cortésmente. Todos somos víctimas de los usos sociales que regulan las relaciones interpersonales.
Sin embargo, acostumbrarnos a la mentira no es un hábito saludable. Cuando sale bien una vez pensamos que puede salir bien siempre, y lo que en principio era una excepción, al final se convierte en un hábito nocivo que llevará a una insatisfacción continua. Las relaciones fundamentadas en la verdad, aunque en ocasiones sea dolorosa, son más fuertes que aquellas cuyos cimientos son pilares de mentiras.
19 de enero de 2012. Miguel Sarabia Rupiérez, e-mail: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
