Nunca antes la diferencia generacional había supuesto un obstáculo tan grande para una fluida relación entre padres e hijos. Mientras que los primeros intentan transmitir valores propios de su época, así como defenderlos a modo de una realidad normalizada y erigida laboriosamente, los segundos, incapaces de identificarse con estas creencias fundadas en un pasado que no han conocido, los revisan y reordenan.
La incomprensión mutua entre generaciones tiene una larga historia, sin embargo, es más notoria actualmente. Según el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, nuestra era moderna está caracterizada - a diferencia de siglos anteriores – por continuos cambios profundos y acelerados en las condiciones de vida.
Lo que para un grupo de edad se considera normal, o la manera en que se deben hacer las cosas, para otros puede resultar ilegítimo, incorrecto, aberrante u ofensivo. Como los jóvenes nunca conocerán el mundo en que se criaron sus padres, nunca podrán comprender el por qué de las enseñanzas que les transmiten.
Ortega y Gasset en su texto "Introducción a una estimativa. ¿Qué son los valores?", ya avisaba de la necesidad de escuchar a las nuevas generaciones: Ellos nos descubren y crean a la vez una nueva perspectiva, que nos obliga a reajustar nuestro paisaje moral. Pero muchas veces las “viejas” generaciones prefieren la comodidad de un sistema de valores que ya conocen y que identifican como lo que debe ser a hacer un esfuerzo de empatía hacia los jóvenes.
Hay otro factor que diferencia a los jóvenes de hoy en día de aquellos de generaciones anteriores, apunta Bauman, y es que la gran mayoría ha crecido en unas condiciones de estabilidad y bienestar inéditas hasta hace dos décadas. Nunca han pasado privaciones, ni han conocido largas crisis económicas. ¿Cómo afrontarán las negras nubes que se ciernen actualmente sobre sus expectativas? Se pregunta el sociólogo polaco.
El abismo generacional puede estar representada por lo que significa la brecha digital entre la antigua y la nueva generación, entre lo analógico y lo digital, entre la máxima extrañeza del pensamiento tradicional y la vida de los jóvenes desarrollada en una realidad virtual. ¿Hay algún lugar de encuentro?
Las generaciones “viejas” deben hacer, como dice Ortega, un esfuerzo para renovar sus ideas favoreciendo de esta manera, una comunicación fluida y enriquecedora con los jóvenes. Y es que una adaptación de los valores tradicionales a la sociedad moderna preparará mejor a las nuevas generaciones para afrontar la difícil crisis social y económica que afectará a la sociedad occidental durante los próximos años.
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