La ansiedad es beneficiosa

La ansiedad es beneficiosa, en pocas cantidades

... Y entonces empecé a sentirme mareada, sentía un hormigueo leve en las extremidades, el corazón latía rápidamente, la respiración tambien se aceleró. Empecé a ver nublado y mil pensamientos recorrían mi mente: me caeré, tendrán que recogerme y me moriré de vergüenza, puede que sea un ataque al corazón. Conforme mis pensamientos iban siendo cada vez más catastróficos, mi cuerpo parecía separarse de mi mente y me sentía pesada, cada vez más y más pesada.... y me tumbé...

Esto podría ser perfectamente una parte del guión de una película de terror, pero en este caso se trata de una parte del guión de una película cada vez más conocida entre el mundo occidental, una película llamada ‘ansiedad’. Hoy en día son muchas las personas que padecen de ansiedad, pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de ella?

La ansiedad no es de invención moderna, sabemos que hace miles de años que existe y, aunque parezca contradictorio, la especie humana no habría sobrevivido a la selección natural (postulada por Darwin) sin la, ahora temida, ansiedad. La ansiedad prepara al cuerpo

para el escape rápido ante una amenaza, ya sea una amenaza que proviene de dentro como de fuera del cuerpo. Nos prepara para huír pero también para atacar. Imagínense ahora un hombre en medio de la selva con su familia, un depredador se aproxima y él entonces se da cuenta del peligro, la ansiedad empieza a actuar: normalmente aparecen síntomas físicos (pueden aparecer temblores, palpitaciones, sudoración, golpes de calor....) cognitivos (pensamientos negativos, ideas,...) y emocionales (ira, miedo...). El corazón bombea la sangre rápidamente, acumulándose en las extremidades y así evitar una muerte por desangramiento en caso de que el depredador le mordiera una de las extremidades. Si la persona se ve capaz de escapar y no afrontar la situación con el debido riesgo vital que conlleva lo hará, y al cabo de pocos minutos la ansiedad bajará a niveles casi invisibles. En el caso contrario, se enfrentará a lo que le da miedo, en el ejemplo mencionado, atacando al depredador, ganando luego el más fuerte. Si el proceso ansioso dura mucho tiempo el cuerpo se habituará a tal ansiedad y ya no seran tan evidentes los síntomas de malestar, es una cuestión de habituación.

Pero ahora se pueden preguntar ¿y si la ansiedad es ‘buena’ por qué tanta gente la sufre y lo pasa francamente mal? Esta pregunta tiene fácil respuesta, la ansiedad es buena igual que las grasas saturadas o el alcohol, en poca cantidad. La ansiedad es buena cuando se dispara en el momento justo, ante estímulos que realmente son relevantes. Cuando esta ansiedad está demasiado presente en la vida de una persona, cuando los estímulos que la activan no son relevantes, cuando las creencias que uno tiene son irracionales, cuando hay sintomatología física que genera gran incomodidad e interfiera en la vida cotidiana (insomnio, sudores, anorexia, vómitos y un largo etcétera) es cuando uno tiene que empezar a pensar que no está viviendo la vida con la tranquilidad que debería y quizá, si quiere mejorar, debería consultar con un especialista, en este caso, un psicólogo.

Pedir consejo a los amigos o familiares puede ser beneficioso y perjudicial a la vez, nos puede venir bien hablar del tema y explicar lo que nos pasa, pero a veces nos pueden aconsejar erróniamente y nos pueden hacer sentir aún peor. Se pueden escuchar frases como ‘no te preocupes, piensa positivamente y todo se arreglará’, ‘tómate un par de copas cuando te encuentres mal’, ‘a mi me funcionaron unos ansiolíticos, toma unos cuantos’, ‘tienes manías...’. Lo que mucha gente no sabe es que el cerebro deja de funcionar como lo hacía anteriormente por causas múltiples, puede ser causado por factores biológicos (la genética tiene un papel importantísimo), psicológicos y, cada vez más importantes y más presentes, los factores sociales. Todos estos factores pueden hacer que el cerebro deje de segregar tanta serotonina como antes (la serotonina es un neurotransmisor que juega un gran papel y está implicada en aspectos como el estado de ánimo o el nivel de ansiedad) y puede que todo esto, añadiendo una cierta vulnerabilidad de la persona, favorezca la aparición de malestar, preocupaciones excesivas, crisis de pánico, fóbias... todo relacionado con los trastornos de la ansiedad.

Es importante que uno entienda que no es culpa suya el hecho de encontrarse mal, nervioso, desanimado, preocupado, obsesionado.. Lo importante es pedir información, asesorarse y empezar (si es necesario) un tratamiento. Muchas veces, con el simple hecho de emplear la psicoeducación las personas mejoran porqué entienden qué les pasa y éste es el primer paso para superar el problema.

Ana Pamplona Buset, psicóloga, durante Agosto de 2011.

 
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