El estrés

El estrés es una reacción fisiológica, normalmente adaptativa, que nos permite afrontar mejor las reacciones de peligro.

Ante una amenaza nuestro organismo, que está muy bien preparado para sobrevivir, pone en marcha toda una serie de mecanismos:

Para tener suficiente energía para reaccionar se inactivan los mecanismos de reparación, si teníamos sueño o hambre nos pasa de inmediato, ya comeremos y dormiremos cuando el peligro haya pasado, la digestión se interrumpe ya que consume muchas energías y de momento las necesitamos para otras cosas, si alguna articulación nos dolía o la teníamos inflamada, el dolor y la inflamación remiten ya que nos estamos preparando para huir corriendo o luchar, ya se curará más tarde cuando el peligro haya pasado, de momento nos enfrentamos a preservar la vida, el corazón y la respiración se aceleran, la tensión arterial aumenta, para tener más oxígeno disponible en los músculos para poder correr y en el cerebro para poder tomar buenas decisiones.

Cuando el peligro ha pasado se desencadena el mecanismo contrario, se activan todos los mecanismos de reparación, sentimos cansancio y por lo tanto reducimos la actividad, comemos, dormimos, las articulaciones vuelven a doler por lo que disminuimos el movimiento, la inflamación que es una condición para la reparación de tejidos dañados se activa de nuevo etc.

Y después de unas horas o días, depende del desgaste que nos haya podido ocasionar la situación de peligro, nos encontramos de nuevo en buenas condiciones para afrontar la vida cotidiana o nuevos peligros si llegan.

Si percibimos que el peligro no desaparece, continuamos con la situación de estrés, los mecanismos de reparación no se instalan, la tensión arterial no baja, no podemos dormir ni descansar, no respiramos adecuadamente, los daños que ha podido sufrir nuestro organismo no se reparan, las toxinas se acumulan, la mucosa digestiva se puede ulcerar, nuestro cerebro que durante el sueño, si este es reparador, elabora y resuelve de manera inconsciente los problemas que nos afectan, pierde capacidades cognitivas, de razonamiento y es más propenso a distorsionar la realidad.

La paradoja de nuestro tiempo en el mundo occidental, es que nunca en la historia de la humanidad habíamos estado tan seguros como ahora, tenemos muy pocas probabilidades de morirnos de hambre, de una manera violenta o de enfermedades que hasta hace pocos años eran mortales para la mayoría, pero nos sentimos más inseguros que nunca.

La crisis que vivimos no hace más que agravar una situación que hace tiempo que esta presente: la sensación de estar siempre en peligro.

Y esta sensación no es el resultado de analizar la situación real sino de las expectativas que nos creamos. Es muy difícil vivir en la exigencia del éxito constante en todas las actividades, no podemos permitirnos ningún fracaso y tenemos que rendir siempre al máximo de nuestras posibilidades. Como esto no es posible, estamos siempre con el miedo y el estrés para lograrlo.

Es necesario que entendamos que ser el primero, el mejor en todo, no fracasar nunca, son objetivos poco razonables, debemos dejar lugar en nuestra vida al fracaso, la decepción, incluso el aburrimiento y es necesario que dejemos de considerar tanto el éxito como el fracaso como una afirmación de lo que somos, para considerarlos como unas circunstancias temporales que pueden cambiar. Si es así después de un éxito o un fracaso podremos descansar y no continuaremos asustados.

Otra paradoja en que nos encontramos especialmente ahora en tiempos de crisis, es que hagamos lo que hagamos no tenemos ninguna seguridad de que los resultados sean los esperados, hasta hace relativamente poco cualquier persona tenía la convicción de que si trabajaba razonablemente bien, su puesto de trabajo no peligraba, sabía lo que tenía que hacer si quería un trabajo mejor calificado, podía ahorrar y guardar los ahorros seguros en un banco y su casa en propiedad le daba la seguridad y el arraigo necesarios.

El sentimiento actual que nos enferma no es tanto la posibilidad de perder lo que hemos obtenido con tanto esfuerzo, esta posibilidad ha estado siempre presente, sino el hecho de que hagamos lo que hagamos no podemos estar seguros de conservarlo, no depende de nosotros sino de unas circunstancias que no conocemos ni entendemos ni parece que nadie nos las sepa explicar. Es lo que los psicólogos llamamos "indefensión aprendida", creemos que no podemos influir en lo que nos pasa, el resultado es la pérdida de confianza, de motivación, y un estado anímico muy parecido a la depresión.

Nos encontramos en una situación de peligro, con todas las alarmas disparadas, los sistemas de lucha a punto y la imposibilidad de hacer nada.

Así los mecanismos naturales de estrés y reparación se colapsan y aparece el cansancio, el insomnio, la depresión, la incapacidad de decisión, irritabilidad, falta de concentración, de motivación, sintomatología orgánica diversa...

Si bien es cierto que es muy difícil que podamos hacer algo para modificar la economía mundial o impedir que nuestra empresa cierre, no es cierto que no podamos hacer nada para mejorar nuestra situación, cada caso es diferente y no hay formula mágica pero siempre hay algo que podemos hacer.

Para superar la indefensión es necesario que nos podamos sentir sujetos activos de nuestra vida y no objetos pasivos de poderes que no comprendemos.

Me viene a la cabeza un proverbio chino: Dame Señor resignación para aceptar lo que no puedo cambiar, Valentía para cambiar lo que puedo cambiar, Sabiduría para reconocerlo.

10 de noviembre de 2011, Mercè Cid, psicóloga, e-mail: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 
Consulta Online
 
Banner

¿Qué opinas?

¿Crees que hacen falta más políticas de igualdad?
 

Rellena nuestra encuesta y participa en el sorteo de unos bonos gratuitos de consulta.


The FlxClinic.com is online DrugStore