El pasado mes de junio una Sentencia del Tribunal Supremo condenaba al laboratorio Sanofi Aventis S.A a indemnizar a las mujeres que habían sufrido efectos secundarios adversos por la toma de un medicamento (Agreal) para los sofocos de la menopausia, este medicamento se retiró del mercado en junio de 2005.
En 2004 se cambiaron las recomendaciones de uso de la terapia hormonal sustitutiva para las molestias de la menopausia, que hasta este momento se recetaba a muchas mujeres menopáusicas, con o sin sintomatología, para prevenir desde los sofocos a la osteoporosis, la sequedad de la piel y “conservar la juventud”. Después de estudiar los efectos de esta medicación en un gran número de mujeres se llego a la conclusión de que provocaba más problemas de los que solucionaba.
¿Por que estos estudios no se realizaron antes de promover su uso?, ¿por que se autorizo el medicamento Agreal sin estudios suficientes?
Las mujeres menopáusicas son un mercado muy apetecible, la juventud se presenta como un valor incuestionable y cualquier medicamento que prometa eterna juventud tiene el éxito asegurado.
Pero la menopausia es un proceso y no una enfermedad, un proceso al que hay que adaptarse y como todo proceso de desarrollo requiere tiempo y paciencia, valores que parece que se extinguieron con nuetras abuelas, actualmente el ritmo de vida actual, el mito del trabajo y la eficacia, no autoriza a las mujeres a tomarse un respiro.
Vivimos en una sociedad que prioriza la inmediatez y el bienestar individual por encima de otros valores. Esto se traduce en multitud de conductas que se reflejan en todos los aspectos de la vida cuotidiana, desde la cocina rápida, al uso de la tecnología, la manera que educamos a nuestros hijos y como nos enfrentamos a los posibles problemas de salud.
Parece como si nuestra sociedad no pudiera funcionar sin el consumo inmediato de los bienes deseados, en el ámbito de la salud, los malestares e incomodidades deben ser atajados rápidamente, promoviendo el consumo de medicamentos de todos los tipos antes de reflexionar sobre posibles alternativas más seguras.
Los medicamentos son herramientas muy potentes, capaces de salvar vidas y de proporcionar una calidad de vida satisfactoria a enfermos que de otra manera vivirían en condiciones mucho peores. Pero no debemos olvidar que también son un negocio, y existe la tentación de promover su uso indiscriminado para situaciones en las que pueden ser un peligro.
Mercè Cid Alsius, Licenciada en Biología, Farmacia y Psicología, e-mail: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
